“El respeto a los derechos no puede depender del grado de humanidad del enfermero o del psiquiatra”. Entrevista a Fernando Santos Urbaneja (primera parte) // Radio Prometea

Fernando Santos Urbaneja es fiscal de la Audiencia Provincial de Córdoba (España) y una de las personas que más están trabajando por la existencia de un marco legislativo que asegure el respeto a los derechos de las personas con problemas de salud mental en el Estado Español. Ha sido promotor de algunas regulaciones locales que han provocado importantes mejoras en la reducción de prácticas coercitivas, como por ejemplo, el uso de la contención mecánica en centros.

Se acaba en el manicomio por decisión de alguien con más poder // Giorgio Antonucci

Descubrí que, en general, se acaba en el manicomio o en una clínica psiquiátrica por decisión de alguien con más poder: puede ser el padre que tiene más poder que la hija, el marido que tiene más poder que su mujer, el jefe que tiene más poder que el empleado, etcétera. Si una persona con menos poder expresa una manera diferente de pensar se convierte en una tragedia. Por ejemplo, si el Papa dice que existen los ángeles y los diablos, tiene el poder para decirlo sin que nadie lo ponga en tela de juicio.

Jornadas “Coerción y violencia en salud mental” // Redacción de Mad in America Hispanohablante

¿En qué pensamos cuando hablamos de violencia en salud mental? preguntaba Hernán María Sampietro, “Los ingresos involuntarios, la contención mecánica, el electroshock, la sobremedicación, la medicación forzosa… son formas de violencia tan habituales que nadie duda de su existencia, pero no son las únicas formas de violencia”. Así, durante los dos días de encuentro (VI Jornadas de La Revolución Delirante, 14 y 15 de octubre, Valladolid) fueron varias las personas que señalaron que esta violencia más visible y evidente se sostiene gracias a otra violencia más sutil y cotidiana. La violencia en salud mental, de forma análoga a la violencia de género, no solo es la que se ejerce sobre un cuerpo.

Me fui // Ibone Olza

Me fui. Hace pocos meses dejé el hospital público donde trabajaba como psiquiatra desde hacía 9 años. Me impulsó sobre todo la intuición de que si seguía allí iba a enfermar. Salí por la puerta de atrás, casi a escondidas, en medio de una profunda crisis profesional. Me siento traumatizada por el mal-trato y la violencia que he percibido y que a veces he ejercido yo misma en las urgencias psiquiátricas. Atendiendo malamente a montañas de pacientes con un alto sufrimiento (casi siempre por rupturas afectivas) al que desde lo público ya casi sólo se responde con más y más pastillas y /o contenciones mecánicas, eufemismo del clásico “atar a la cama”. Llegué a encontrarme a una mujer paralítica atada a la cama en una guardia, la propia paciente se reía al contármelo: ¡adonde se iba a escapar ella sin su silla de ruedas!

Se trata de coerción ¡Tonto! // David Cohen

Desde el inicio, el sistema psiquiátrico ejerció la coerción a sus lunáticos y locos en los manicomios, a sus ingresados y pacientes en los hospitales mentales, y a sus usuarios y clientes en la comunidad. (Es cierto, que durante un breve espacio de tiempo, en la primera década del siglo XIX, John Connolly, el superintendente de un asilo británico, impulsó un movimiento para prohibir todas las restricciones físicas dentro de su establecimiento, pero no duró mucho.) El elemento coercitivo de la psiquiatría se ha mantenido a pesar de todos los cambios en las formas y lugares de tratamiento. Esta es la parte de la psiquiatría que no ha cambiado.