Tropiezo // Elena Palacios

Mucho tiempo después seguía levantándose temprano. Cabizbajo meditaba acerca de su desgracia. Recordaba a la perfección ese maldito día que tropezó con aquella piedra gigante. El golpe no fue muy duro pero se le quedó señalado el dedo del pié con un callo de por vida. Todo cambió desde entonces. Tenía visitas regulares al médico…

Locofobia

Las personas con diagnósticos podemos tener dificultades para comunicarnos, y estas dificultades pueden ser tan variadas, y alcanzar tantos grados, como las que experimentan las personas sin diagnósticos. En mi caso particular, las dificultades para comunicarme nunca me han quitado el sueño. Suelo tener más dificultades para llegar a fin de mes, por ejemplo. […] Sin embargo, (por suerte no muy a menudo) a veces pasa, que estos asuntos me quitan el sueño. Asuntos que tienen que ver con el cariño y sus caminos, a veces tortuosos, que incluyen comunicaciones fracasadas. (“Te juro, corazón, que no es falta de amor, pero es mejor así”, enorme como siempre Chavela Vargas).

A las deprimidas nos han robado nuestras depresiones

¿Que qué quiero decir? Quiero decir que la depresión aparece en la tele, en las series y en las películas y también en los libros, pero no lo hace de forma realista. Ved Skins, American Horror Story; el repertorio de camisetas de UrbanOutfitters con estampados tan sanos como depression o eatless. Se mercantiliza la depresión de forma que guionistas y productoras toman una enfermedad asesina, una dura realidad, y la convierten en un producto estético que vender a jóvenes vulnerables cuando no en una tragedia poética.

Me fui // Ibone Olza

Me fui. Hace pocos meses dejé el hospital público donde trabajaba como psiquiatra desde hacía 9 años. Me impulsó sobre todo la intuición de que si seguía allí iba a enfermar. Salí por la puerta de atrás, casi a escondidas, en medio de una profunda crisis profesional. Me siento traumatizada por el mal-trato y la violencia que he percibido y que a veces he ejercido yo misma en las urgencias psiquiátricas. Atendiendo malamente a montañas de pacientes con un alto sufrimiento (casi siempre por rupturas afectivas) al que desde lo público ya casi sólo se responde con más y más pastillas y /o contenciones mecánicas, eufemismo del clásico “atar a la cama”. Llegué a encontrarme a una mujer paralítica atada a la cama en una guardia, la propia paciente se reía al contármelo: ¡adonde se iba a escapar ella sin su silla de ruedas!

Conciencia de enfermedad

Si yo fuera psiquiatra, nada me molestaría más que el hecho de que un cliente potencial no tuviese conciencia de enfermedad. Eso le quitaría sentido a mi profesión, sería como una piedra de toque, un desafío ofensivo. Pero me molestaría aún más que ese cliente potencial, además de no tener conciencia de enfermedad, ni siquiera sufriese.

Acuerdia y las Autopsicuelas // Tomás L. Corominas

En los últimos meses siento que puedo escapar al fin de un laberinto que me ha mantenido atrapado durante más de 30 años: de palabra ya tengo el alta respecto a lo que llaman mi enfermedad mental, incurable por y para quienes así la designan. Pronto tendré el Informe de Alta Médica y dejaré oficialmente de ser un ‘enfermomental’, seré a-cuerdo, cuerdo y loco a la vez o ya nada de eso, y podré trabajar con mayor legitimidad para contribuir a erradicar el muy nocivo mito de la cronicidad, que condena por inercia e irreflexión a todas las personas que padecen uno de estos diagnósticos psiquiátricos cronificadores.