Se trata de coerción ¡Tonto! // David Cohen

Desde el inicio, el sistema psiquiátrico ejerció la coerción a sus lunáticos y locos en los manicomios, a sus ingresados y pacientes en los hospitales mentales, y a sus usuarios y clientes en la comunidad. (Es cierto, que durante un breve espacio de tiempo, en la primera década del siglo XIX, John Connolly, el superintendente de un asilo británico, impulsó un movimiento para prohibir todas las restricciones físicas dentro de su establecimiento, pero no duró mucho.) El elemento coercitivo de la psiquiatría se ha mantenido a pesar de todos los cambios en las formas y lugares de tratamiento. Esta es la parte de la psiquiatría que no ha cambiado.

Día Mundial de la Salud Mental y patrocinio de la industria farmacéutica

Desde hace tiempo venimos denunciando la excesiva presencia de los laboratorios farmacéuticos en la formación de los profesionales, en la financiación de las sociedades científicas, asociaciones de familiares y de personas afectadas, y en la financiación de campañas antiestigma. Sobre las estrategias de marketing de la industria farmacéutica disfrazadas de actividades altruistas y de “responsabilidad social corporativa” hemos hablado en anteriores entradas en relación con las campañas antiestigma y páginas web de información a los pacientes. El conflicto de intereses es tan obvio que casi no merecería la pena señalarlo.

Campañas antiestigma y marketing encubierto // Mikel Valverde y José A. Inchauspe

La farmacéutica Janssen lanza el sitio Web www.esquizofrenia24x7.com como portal de contenidos respecto a la esquizofrenia dirigido al público en general, pacientes, amigos y familiares. Entre otros contenidos, puede descargarse del sitio Web un folleto titulado Afrontando la esquizofrenia. Guía para pacientes y familiares,(I) cuya publicación patrocina la farmacéutica. Sus visitadores médicos proponen en los servicios de salud mental públicos la distribución del folleto y la exhibición de carteles y fichas que presentan el sitio Web como “toda la ayuda que necesitas para comprender la esquizofrenia”.

Lo que su médico debiera decirle sobre los antidepresivos // Paul W. Andrews, Lyndsey Gott, y J. Anderson Thomson, Jr.

El tratamiento que se prescribe habitualmente a personas deprimidas son los fármacos antidepresivos. También suelen prescribirse con frecuencia en otros cuadros clínicos como la depresión bipolar, el trastorno de estrés postraumático, el trastorno obsesivo-compulsivo, los síndromes de dolor crónico, el abuso de sustancias, la ansiedad y los trastornos alimentarios. Según un informe de 2011 publicado por Centers for Disease Control and Prevention –Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades– de USA, aproximadamente una de cada diez personas (11%) de más de 12 años toma medicamentos antidepresivos.[1] Entre 2005 y 2008, los antidepresivos fueron el tercer tipo de medicamento recetado más frecuentemente recetado a personas de cualquier edad, y el más utilizado entre personas de 18 a 44 años. En otras palabras, a millones de personas al año se les receta antidepresivos y se ven afectados por ellos.

La opinión general es que los medicamentos antidepresivos son eficaces y seguros. Sin embargo, la literatura científica muestra que esa creencia es errónea. Aunque todos los medicamentos con receta médica presentan efectos secundarios, los fármacos antidepresivos parecen causar más daño que beneficio en el tratamiento de la depresión. Hemos revisado las pruebas existentes al respecto en un artículo recientemente publicado en la revista Frontiers in Psychology.

Antipsicóticos atípicos de liberación prolongada (Risperdal Consta, Xeplion, Abilify Maintena, Trevicta): Despilfarrando el dinero de todos

Vamos a hablar acerca de un tema que tocamos de cuando en cuando y que nos irrita especialmente: el despilfarro de recursos públicos (y nunca está de más recordar que «público» significa que es de todos y no que no sea de nadie). Estos recursos públicos son cada vez más escasos y duele ver cómo se malgastan en un gasto farmacéutico en gran parte mal empleado. No nos referimos ahora (que daría también para comentar mucho) al precio disparatado de fármacos potecialmente muy útiles como los empleados en la hepatitis C, más teniendo en cuenta que su desarrollo no habría sido posible sin un montón de investigación básica que en gran parte se desarrolló en universidades públicas, o al elevado precio de fármacos de eficacia contrastada como los antirretrovirales para el SIDA o parte (que no todos) de los nuevos tratamientos para neoplasias. Nos referiremos, como ya deja claro el título de nuestra entrada, al famoso asunto de los neurolépticos o antipsicóticos de liberación prolongada: los comúnmente llamados, cuestiones farmacocinéticas aparte, depots.