Graffiti en la pared que muestra un televisor y dentro del mismo el texto "Compra y calla"

Abocada a ser consumidora // Cristina CV

Llevo años observando como cada vez es más difícil encontrar un trabajo con mi enfermedad mental, al principio luchaba, buscaba oportunidades, me enfadaba contra el sistema y guardaba la esperanza en que llegaría ese trabajo estable que me realizaría como persona y que me insertaría en la sociedad. Buscaba ayuda en asociaciones sin encontrar soluciones,…

Teoría de la Mujer Enferma // Johanna Hedva

El texto que publicamos a continuación es una traducción de la transcripción de la presentación “Mi Cuerpo Es una Prisión de Dolor así es que Quiero Abandonarlo como una Mística Pero También lo Quiero y Quiero que Importe Políticamente” que Johanna Hedva hizo en octubre de 2015 para el “Women’s Center for Creative Work at…

La guerra interminable. Sociedad y sufrimiento psíquico // Fernando Kovacs

No es fácil escribir sobre la locura. Al menos no lo es cuando escribes desde la tuya propia. Son varias las decisiones que hay que tomar al ritmo que se teclea; son muchos los obstáculos que hay que anticipar o, llegado el caso, esquivar. La percepción social que existe acerca del sufrir psíquicamente está eternamente salpicada de mierda. Desde las instituciones (todas ellas: legales, asistenciales, familiares, etc.) a los productos culturales; desde las posiciones más hegemónicas a buena parte de las periferias.

Del cuerdismo como espectáculo // Tomás López Corominas

Llevo unos cuantos años en esto, por lo que ha crecido considerablemente mi comprensión respecto a la omnipresencia del cuerdismo y a la incapacidad del cuerdista, que somos todss, para ser consciente de que vivimos inmersos en un entorno plagado de ideas, actitudes y comportamientos que, a semejanza del machismo o racismo, estereotipan, prejuzgan y discriminan a las personas diagnosticadas por la psiquiatría o tachadas de locas, desde una perspectiva de superioridad cuerda. Machismo y racismo son sobradamente conocidos, por ello fácilmente detectables y socialmente detestables, enseguida todss saltamos a por la agresión y el agresor, sean obvios o no. Sin embargo, el sufrimiento de las personas diagnosticadas por la psiquiatría sigue siendo risible -y condenable rebelarse ante la burla-.

El Alien que habita en mí, una psicoeducación biologicista // Jordi Relaño

Teníamos dentro a un Alien crónico a neutralizar químicamente. Lo decía la ciencia, se nos aseguraba, ¿qué podíamos hacer? Podíamos, se nos dijo en la sala, aprender a vigilar a la bestia y sus síntomas. Observarnos activar sensores y afilar alarmas. El conocimiento de uno mismo seria suplantado por la autovigilancia. La psicoeducación que viví transfería el poder de la persona a un comprimido o, peor, a un inyectable. En un modelo de atención que no escucha lo químico es tan útil como una palmera en un desierto biocomercial. Somos personas desnudas ante una asertividad biologicista que da palos de ciego abrazada a la industria más rentable del mundo. ¿Cosemos comunidad? ¿Enfrentamos la precariedad normalizada hasta el colapso? También podríamos instalarnos una App para autocontrol, por si su abrazo, como el de la caridad plutócrata, nos abriga.

A ti, familiar de una persona con trastorno mental // Hugo del Arco

Y es que, el activismo en salud mental en primera persona, solo defiende derechos humanos y es el más antisistema que conozco, porque lucha contra toda irracionalidad que hemos querido perpetuar siglo tras siglo. Una lucha sin tregua, 24 x 7, por parte de personas que ya no quieren ser atadas, ni encerradas, culpables de haber nacido. Personas que no quieren llevar vidas lamentables, sin alma, que fabrican muñequitos de plastilina, hacen excursiones y llevan un botiquín a cuestas.