Cuando Blackmirror llegó a tu farmacia // Colectivo Silesia

Esto, que podría ser parte de un relato distópico  de clase b blackmirrorizado no es más que las puertas que se abren gracias al nuevo episodio de solucionismo tecnológico con el que nos alegra los días la FDA: la aprobación de unas pastillas con un sensor que rastrea si el paciente ha tomado la medicación, lo envía a un parcha que carga esos datos en una aplicación de teléfono móvil cuyos datos pueden ser compartidos con quien el paciente quiera (“quiera”, la racionalidad de la voluntad, tan propia del liberalismo, no sabemos si peca de candor o de maldad).