Lo que su médico debiera decirle sobre los antidepresivos // Paul W. Andrews, Lyndsey Gott, y J. Anderson Thomson, Jr.

El tratamiento que se prescribe habitualmente a personas deprimidas son los fármacos antidepresivos. También suelen prescribirse con frecuencia en otros cuadros clínicos como la depresión bipolar, el trastorno de estrés postraumático, el trastorno obsesivo-compulsivo, los síndromes de dolor crónico, el abuso de sustancias, la ansiedad y los trastornos alimentarios. Según un informe de 2011 publicado por Centers for Disease Control and Prevention –Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades– de USA, aproximadamente una de cada diez personas (11%) de más de 12 años toma medicamentos antidepresivos.[1] Entre 2005 y 2008, los antidepresivos fueron el tercer tipo de medicamento recetado más frecuentemente recetado a personas de cualquier edad, y el más utilizado entre personas de 18 a 44 años. En otras palabras, a millones de personas al año se les receta antidepresivos y se ven afectados por ellos.

La opinión general es que los medicamentos antidepresivos son eficaces y seguros. Sin embargo, la literatura científica muestra que esa creencia es errónea. Aunque todos los medicamentos con receta médica presentan efectos secundarios, los fármacos antidepresivos parecen causar más daño que beneficio en el tratamiento de la depresión. Hemos revisado las pruebas existentes al respecto en un artículo recientemente publicado en la revista Frontiers in Psychology.

Antipsicóticos atípicos de liberación prolongada (Risperdal Consta, Xeplion, Abilify Maintena, Trevicta): Despilfarrando el dinero de todos

Vamos a hablar acerca de un tema que tocamos de cuando en cuando y que nos irrita especialmente: el despilfarro de recursos públicos (y nunca está de más recordar que “público” significa que es de todos y no que no sea de nadie). Estos recursos públicos son cada vez más escasos y duele ver cómo se malgastan en un gasto farmacéutico en gran parte mal empleado. No nos referimos ahora (que daría también para comentar mucho) al precio disparatado de fármacos potecialmente muy útiles como los empleados en la hepatitis C, más teniendo en cuenta que su desarrollo no habría sido posible sin un montón de investigación básica que en gran parte se desarrolló en universidades públicas, o al elevado precio de fármacos de eficacia contrastada como los antirretrovirales para el SIDA o parte (que no todos) de los nuevos tratamientos para neoplasias. Nos referiremos, como ya deja claro el título de nuestra entrada, al famoso asunto de los neurolépticos o antipsicóticos de liberación prolongada: los comúnmente llamados, cuestiones farmacocinéticas aparte, depots.